"La vida es el ideal que se persigue"

No sé si sea posible analizar, significar o interpretar esta frase por separado. Presiento que cualquier comentario al respecto hará que los tres primeros se conviertan en sinónimos aunque no lo sean, hará que su análisis sea bastante más que sólo gramatical, que su análisis vaya más allá de una víctima de laboratorio, que su interpretación sea algún día más profunda que la vida misma.

La vida, en el sentido más estricto de la palabra, es la actividad de los seres orgánicos. Todos los seres orgánicos tienen vida en sí, porque tienen capacidad de acción, de movimiento sea sólo dentro de sí mismos o capacidad de desplazarse. Pero para el ser humano, tener vida sin entender por qué la tiene, o sin poder emplearla a sus anchas, carece de sentido.
Por ello, “la vida es el ideal que se persigue”, la vida es el sentido mismo de la existencia, es la esencia comprendida, es la capacidad enfocada en el entendimiento, el conocimiento, la voluntad.

Indudablemente somos seres sociales, de modo tal que la vida también se mide por la cantidad y calidad de las interacciones con los demás, es decir, por la capacidad relacional que se tenga, en la que se cuentan los valores, derechos y deberes a respetar y a acatar. También se tienen en cuenta las capacidades creativas del individuo como aporte a una sociedad en avance constante en el que el aprendizaje no puede ser estático y requiere de dinamismo y reconocimiento de las capacidades particulares para un mejor enfoque de la educación y el desempeño.

Todo ser humano tiene ideales, más o menos ambiciosos según su contexto social, personal, histórico y cultural, y son éstos el sentido de la vida, porque sin ideales no hay nada que nos lleve a evolucionar, a luchar, a hacernos preguntas y a encontrar sus respuestas, sin ideales no habría logros, sin ideales no se habrían vencido los temores, sin ideales muy seguramente seríamos una especie extinta, pues desde las relaciones amorosas hasta la aparición de los cultivos, luego las fábricas, y así sucesivamente, nace de un ideal, de un sueño, y más cercanamente, de una meta que no es más que un sueño con un tiempo específico para ser cumplido.

De hecho, prefiero la frase invirtiendo algunas de sus palabras, porque  se adapta más a lo que nos pasa ahora: son tantos los avances que a veces se hace incluso imposible alcanzar los parámetros mínimos que aseguran el éxito en una sociedad basada en el consumo y la crítica, carente de la autosostenibilidad y la autocrítica, carente de capacidad de inclusión real, aceptación y escucha del otro, porque se considera que las buenas ideas vienen de ciertos grupos, desperdiciando la capacidad potencial presente en todos sus habitantes. Si lo pensamos bien, ahora los ideales están establecidos por qué metas es necesario alcanzar (académica, social, económicamente) y no por lo que en realidad soñamos, cosa que no sabemos porque nos ocupamos por entender cómo funciona el cuerpo, cómo funciona el país, cómo funciona el mundo, pero no cómo funcionamos como personas integrales. La vida ya no es el ideal que se persigue, el ideal es perseguir la vida.

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